EL LENGUAJE DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

Definimos violencia de género como todo tipo de agresión física, sexual, verbal o psicológica hacia una persona por el mero hecho de ser mujer u hombre. Actualmente se hace mayor referencia a la violencia de género como la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres estén o hayan estado en una relación sentimental. Según una recogida de datos de “EL PAÍS”, se estima que han muerto 1.026 mujeres desde el 2003 a manos de sus parejas o exparejas en España.

Cuando se narran hechos como estos solemos darle mayor importancia a la violencia física ya que es la que provoca los daños más visibles e incluso en muchos casos, la muerte. Pero… ¿Existe otro tipo de violencia a parte de la que se profesa físicamente? ¿Es posible que la sociedad ejerza violencia de género sobre las mujeres, de forma continua e imperceptible?

Con ello hacemos referencia a insultos, faltas de respeto, miradas y gestos de desprecio, ignorar a la persona, apartarla del ámbito social, familiar, etc. Pero no solo los agresores directos ejercen violencia de género sobre las mujeres, la sociedad en sí la crea e incide en ella  continuamente. Hablamos en este caso de violencia simbólica o cultural, la cual encontramos presente en diversos ámbitos como el arte, la religión, medios de comunicación e incluso el lenguaje.

Y es en esta última “arma”, en la que haremos en esta ocasión, mayor hincapié, pues es tan sutil como dañina. La lengua es la forma predominante que utilizamos los humanos para comunicarnos, con ella no sólo transmitimos el mensaje, influimos también en la manera de sentir y en la mentalidad de los receptores. En la lengua y literatura española hallamos varios métodos por los cuales se violenta a la mujer:

– Utilizando los genéricos en masculino. La RAE, no admite hacer referencia al término femenino “ellas” cuando existe al menos un varón en el grupo, pero sí es posible a la inversa y expresa a su vez que es más adecuado decir “ellos” que “ellos y ellas”, en caso de haber un par de mujeres en un grupo de hombres, por economizar.                                                                              “Ese dejar de existir en la lengua aboca a las mujeres a la nada, las rebaja y las humilla”. (Calero, Fernández. 2019).

– En las diversas asimetrías léxicas, ejemplo de ello son los oficios. A la hora de denominar ciertos trabajos encontramos que hay palabras que designan a los hombres, pero no a las mujeres y muchos de ellos, hacen referencia a puestos “importantes” o de altos cargos, como, por ejemplo: (la) gerente y no la gerenta, (la) médico y no la médica, jefe (puesto de importancia), jefa (utilizado mayormente de forma peyorativa). Incluso encontramos sustantivos con ambas formas gramaticales, pero con diferente significado: secretario (cargo importante), secretaria (subordinada de alguien). De esta manera las niñas no pueden sentirse identificadas y de una forma inconsciente asientan que los médicos, gerentes, puestos de mayor relevancia… recaen en hombres, privándolas de esta manera de recursos motivacionales que sus compañeros masculinos adquieren por múltiples vías.

– La RAE, por otra parte, vigoriza tales asimetrías, dotando a los sustantivos y adjetivos femeninos de términos “insultantes” y fortaleciendo las virtudes de los hombres. Al buscar el significado de hombre, observamos que la mayoría de los significados son exaltantes y prominentes, hombres de deber, de honor y fortaleza, si por el contrario nos fijamos en el significado de mujer, predomina el término prostituta en numerosas definiciones. Ocurre de forma similar cuando indagamos en sustantivos como perro/a, zorro/a, donde el significado en masculino hace referencia al animal o a la astucia, y en cambio, al tratarse del término en femenino en ambas situaciones son referenciados como insulto hacia las mujeres. Provocando a su vez en ellas baja autoestima, frustración, falta de referentes, etc.

Si indagamos con esmero encontraremos que la lengua y literatura española infravalora a las mujeres alzando del mismo modo a los hombres, otorgándoles el poder y el deber de permanecer por encima. En nuestra mano está no favorecer dichas conductas lingüísticas que repercuten tan negativamente. Tal y como expone Anna María Fernández, “el lenguaje no es sexista ni androcentrista: quienes lo compartimos y utilizamos somos los responsables de darles esas características”.

Raquel Almodóvar Ruiz, Noviembre 2019

Bibliografía:

  • Calero, Fernández, Mª A. (2019) De cómo la lengua violenta a las mujeres. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Castaño, Estébanez, I. (2019) Paradigma de las violencias de género e interseccionalidad. Curso Miriadax. Universitat de Lleida.
  • Cronología de víctimas mortales de violencia de género de 2019. Madrid (2019). Página web: https://elpais.com/sociedad/2019/02/06/actualidad/1549439631_636546.html
  • Fernández, A,M. (2012). La violencia en el lenguaje o el lenguaje que violenta. México: Ítaca Uam.
  • Peris, Vidal, M. (2015) La importancia de la terminología en la Conceptualización de la Violencia de Género. Oñati Socio-legal Series.
  • Varela, N. (2013). Violencia simbólica. Página web: http://nuriavarela.com/violencia-simbolica/

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